Una edificación llena de obstáculos históricos se
enfrenta a un nuevo reto: su Girola
Es un gran proyecto enclavado en los Altos de Jalisco
Por
Javier Hernández Sánchez
“Como ven, ya estamos avanzados en la
construcción de la albercota olímpica para el Señor Cura” dice el párroco con
cara de seriedad, “gracias por su cooperación”. Rompe su cara de seriedad y
ríe. La asamblea compuesta por 700 personas también responde con la misma
expresión. El Ministro de la Iglesia Católica se refiere a parte de la
construcción que encabeza. Tal obra se encuentra detrás del lugar de culto
dónde realiza la ceremonia dominical que preside cada ocho días siempre lleno
de fieles en algunas de las 10 misas del lugar.
Cubierta por láminas de aluminio, rodeada
de las calles principales de la ciudad, en un
espacio dónde antes era un pequeño parque, ahora hay una excavación de
grandes dimensiones para hacer un subterráneo como parte de la edificación. Tal
construcción es parte de la “Girola”. Esta es un elemento semicircular de los
templos Góticos que se encuentra siempre en el fondo rodeando al presbiterio,
dejando entrar la luz por sus abundantes vitrales. Sin embargo, la parroquia de
San José en Arandas Jalisco no la tiene aún, pues se había dejado sin terminar,
incluso hace algunos años el templo ya se había dado por terminado.
Contexto geográfico e histórico
La parroquia a la que nos referimos es un
gran templo con capacidad para casi setecientos fieles sentados y otros 400 de
pie. Mide 100 metros de fondo incluyendo la parte en construcción y 66.20
metros de alto.
El templo con su Girola en construcción se
encuentra en el municipio de Arandas, en la zona denominada Los Altos de Jalisco. Cuenta con
aproximadamente 75,000 habitantes según datos del INEGI. Es un pueblo prominentemente tequilero, pero tiene otras
industrias muy importantes, es la primera productora del país de bolsas de
plástico, tiene fábricas de muebles, dulces y calentadores solares entre otras.
Pasearse un domingo en Arandas es
descubrir que las personas se ponen sus mejores prendas para ir a misa y
deambular después por el centro de Arandas para hacer algunas compras con toda
tranquilidad. Parece un ambiente con influencia rural pues muchos varones
visten camisas de cuadros con pantalones de mezclilla sin faltar para muchos
sus sombreros. La mayor parte de la
gente es de tez clara, algunos dicen que es por qué los primeros pobladores
fueron judíos conversos huyendo de España y otros simplemente dicen que los
españoles que vivían allí en tiempo de la colonia, estaban aislados. Se nota
que la gente es sencilla y de buen trato. Algunos vecinos de otras ciudades
dicen que “parece en el mejor de los sentidos, como un rancho grande”.
Antes de los noventas, sólo existía la parroquia de
Santa María de Guadalupe. Entonces, al edificio religioso en construcción de
San José Obrero, le llamaban Templo, situación
que persiste hasta el día de hoy, a pesar de ser nombrada parroquia en 1992. Si
alguien llega y pide una orientación sobre un lugar en el centro de Arandas,
deberás saber cómo dice Angélica, una pobladora del lugar, que “El templo es el
de arriba, la parroquia la de abajo”, dividiendo entre el este y el oeste dos
cuadras a estás dos importantes construcciones (el oeste está arriba aunque no
te lo aclaren).
El
Templo ha sufrido muchos reveses en su larga
historia, pues desde que comenzó en 1879 fue destruido hasta los cimientos lo
que se llevaba aventajado en 1902. Fue modificado su estilo en su totalidad en
1937. Además ha sufrido continuas alteraciones conforme avanzaba su
construcción, sin contar con que muchas partes tuvieron que ser reconstruidas o
alteradas por la poca formación de los albañiles que, ante la ausencia del
arquitecto, avanzaban como ellos entendían.
Además la edificación fue interrumpida por
dos largos periodos históricos: La Revolución Mexicana (1910-1917) y la Guerra
Cristera (1926-1929 con algunos años posteriores de recuperación económica),
cuyo centro neurálgico se encuentra en la zona que forma parte el municipio de
Arandas en el que murieron no sólo cristeros, sino también fieles católicos que
apoyaban la causa de la fe y que no tomaron las armas (uno de ellos Beato). Entonces
cuando el turista vea el edificio, tendrá que comprender que el esfuerzo por forjarlo,
es mucho más aún, de lo que se puede ver.
El primer cardenal de México, José Garibi
Rivera en una visita a Arandas, vio la construcción del templo que tenía
elementos neogóticos, renacentistas y grecorromanos y, viendo su magnitud,
pidió al párroco de ese tiempo que se rediseñara, se le agregara magnitud y se
depurara el estilo a únicamente Neogótico. Así es como en 1938 se destruye lo
ornamental y se reinicia con el nuevo estilo. Se le encomienda la obra al
arquitecto Ignacio Díaz Morales, prominente arquitecto, que fue quien también
rediseño el ahora templo expiatorio de Guadalajara.
No fue prioridad para el arquitecto Díaz
Morales la construcción del Templo de San José, pues se consta en los libros de
gobierno de la Iglesia, que se insistía constantemente al arquitecto para que
diera las indicaciones indispensables para continuar con la obra. En esos
vacíos, se cometían errores de gran costo, tanto económico como moral para el
ánimo de los fieles.
En 1945, el arquitecto Días Morales, deja
definitivamente la obra y la toma el Ingeniero José Luis Amezcua que agrega una
cúpula única en su tipo por ser octagonal desplantada sobre cuatro pechinas y
un gran rosetón en la portada que mide más de ocho metros de diámetro.
La cantera de la gran Iglesia tiene un
tono entre amarillo y anaranjado o rojo palido, y no es porque la cantera sea natural
de ese color, sino que toma el tono a lo largo de los años, de la tierra a la
que pertenece. Aquí lo que debería ser mugre, se convierte en una agradable y
tenue pintura.
Polémica
por la construcción de la Girola
A inicios de este milenio, el párroco Juan
Francisco Navarro intentó construir una sacristía permanente en el ala sur de
la girola destruyendo una pared vieja de adobe. Esta sacristía taparía la
girola en la única parte dónde podría verse desde el exterior. Tal acto provocó
la reacción de los llamados Girolos,
que protestaron intentando hablar con el párroco sin obtener alguna respuesta
que les convenciera.
Los Girolos
es un apodo que recibe un grupo de personas que se dicen propagadoras de la
cultura en Arandas, pues iniciaron la Fundación
del Pensamiento Arandense en estos tiempos de controversia. La gente los
empezó a llamar así porque promovían
arduamente la construcción varias veces suspendida de la Girola. El grupo es
encabezado por el oftalmólogo Pablo Muños Rodríguez, que sin estudios oficiales
de arquitectura, se ha empeñado en la realización de libros que describen la
historia y características de la Parroquia de San José Obrero: Piedra a piedra y Piedra a Piedra 2, Templo de
San José Obrero en Arandas Jalisco México, y
Guía de San José Obrero Arandas
Jalisco México. Hacer libros es parte de su pasión, pues ha hecho también
otros de su especialidad médica.
Generalmente, los Girolos fueron pacíficos impulsores de la obra. Sin embargo, la
decisión del Señor Cura Juan Francisco, hizo que ellos después de intentar
dialogar con él y ante la no obtención de respuesta afirmativa, se impusieran
como trabajo hacer presión pública y mediática: hicieron conferencias en las
preparatorias y universidades, hablaron ante las autoridades municipales,
estatales y federales de la necesidad de la girola. Como nunca antes se había
visto en la ciudad, también se impulsaron una serie de artículos en los
periódicos locales como estatales de renombre dónde se denunciaba la mala
decisión del entonces párroco. En esta localidad era impensable cuestionar a
las autoridades eclesiásticas públicamente, lo que hizo que la ciudad se
polarizara entre estar a favor o en contra de tal proyecto.
El Dr. Pablo Muñoz Rodríguez, es un hombre
muy ocupado, no tiene mucho tiempo pues su agenda de especialista en su clínica
le absorbe gran parte de él. Sin embargo, tratándose de este tema de su
interés, siempre buscará una oportunidad para contribuir. De estatura mediana a
alta, de personalidad muy seria al que le cuesta decir algunas palabras, pero
de decisiones firmes y un amor profundo al templo de San José Obrero y al
pueblo de Arandas (del que se dice originario a pesar de no haber nacido ni
vivido la mayor parte de su vida allí). Es un impulsor constante de turismo
para esta obra arquitectónica trayendo gente de Guadalajara en camiones o camionetas,
aunque es evidente que Él lo ve más por el lado cultural que de fe como lo ven sus
conterráneos. En su plática, relucirán los datos históricos que estamos
tratando y además, un agradecimiento sincero al presente párroco, dejando ver
esta situación de colaboración y desistiendo de toda confrontación, pues como
el mismo platica, el hoy párroco les llevo la delantera en las decisiones que
ha tomado y en su impulso por continuar el proyecto que ahora promueven ambos.
En su tiempo, los Girolos impugnaron la decisión del Párroco ante instituciones
federales como el INHA y la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, al final,
ninguna impugnación resultó valida. El obispo de la Diócesis de San Juan, para
concluir las controversias, dijo que “la Girola
ya no tenía ninguna práctica ni
litúrgica ni pastoral”, además argumentó que no se podía dar clases de liturgia
a los eclesiásticos. Tal decisión del obispo diocesano provocó que se realizara
un retablo a la parroquia que terminaría con décadas de tener en el fondo una
pared vacía por la posibilidad de terminar la Girola.
Resurgimiento
del proyecto
El asunto parecía saldado sin posibilidad
de cambiar la decisión. Además el párroco pareció sepultar cualquier
posibilidad con la terminación de la sacristía y con la construcción y
consagración del altar y retablo principales. Sin embargo, las circunstancias
cambiaron: el Papa Benedicto XVI cambió al obispo Javier Navarro a Zamora
Michoacán, y el párroco Juan Francisco Navarro fue mandado a estudiar por las
nuevas autoridades eclesiásticas a la Ciudad de México. Ambos hechos casi
consecutivos entre los años 2007 y 2008
harían que los Girolos tuvieran
nuevas esperanzas. Siendo Obispo de San Juan de los Lagos Felipe Salazar
Villagrana y nuevo párroco de San José Obrero Miguel Franco González, los Girolos se sentaron a platicar con este
nuevo Señor Cura sobre la posibilidad de proseguir la obra, sin destruir lo que
por décadas, se había hecho detrás de la monumental parroquia.
El Párroco miró a los Girolos de manera silenciosa, creando con ello una gran tensión
emocional. Reunidos en la casa parroquial, los defensores de la Girola, le
habían presentado proyectos y argumentos que defendían sus posturas, anhelando
la apertura hacía sus deseos. Lo que ellos no sabían es que él les tomó por
mucho la delantera en la iniciativa y, habiendo consultado a su nuevo obispo de
manera anticipada, les dio una gran sorpresa: rompió un aparente prolongado
silencio y dijo: “¿Cuando empezamos?” las sonrisas de los presentes se
manifestaron de manera instantánea como despertando de sus anhelados sueños. Las
obras se continuarían si se contaba con el apoyo del pueblo y no sólo eso,
también se abría por el Párroco, la posibilidad de tumbar todo aquello que
demeritara la futura Girola. En la
emoción del momento, el doctor Pablo Muños donó 200,000 pesos, gesto que el
párroco secundó con un fondo de la Parroquia con la misma cantidad.
En adelante, el proyecto se enriqueció
mucho con aportes de la misma Diócesis, de la sociedad civil y de expertos
gubernamentales. Se agregaron al diseño un subterráneo que albergaría un
pequeño estacionamiento, un espacio para criptas, dormitorios de adoradores,
salón de mantenimiento y lugares para otras necesidades pastorales. A la girola
se le añadió una monumental sacristía en la parte de atrás y otros cuatro
absidiolos (capillas añadidas que sobresalen de la girola con abundantes
vitrales), dos serán capillas para mártires y, otros dos absidiolos, salas de
confesiones. El párroco no se midió, al
abrir toda posibilidad para los planos.
Miguel Franco, descendiente de familia
charra de un pueblo cercano, es un hombre alto, con obvio sobrepeso, cara
redonda y poco cabello. Tiene una gran barriga, lo que hace que constantemente
apoye sus dos manos entrecruzadas sobre ella cuando habla o da sus homilías. Él
mismo hace bromas continuas sobre esta característica física. La gente tomando
el humor de su párroco, dice que Él da el ancho para el cargo que ostenta. Se
dice satisfecho por lo construido.
Después de anunciar varías fechas de la
culminación de la Girola, el clérigo ahora
no da plazos y dice no saber si podrá verla concluida. Dice que evidentemente
pronto (por los años que lleva en el lugar) le llegará el cambió y que le
tocará proseguir con ese reto al siguiente párroco. Dice no estar obstinado con
sus proyectos ni con su cargo y que es natural dejar este gran proyecto que se
ha atrevido a iniciar. Reconoce que el dinero que más rinde es el que le pueblo
da directamente, pues con un peso de las colectas, él puede hacer tres veces
más que lo que hace el gobierno cuando maneja presupuestos para tal propósito,
por ello se oye desanimado cuando habla de la cooperación que recibió de
anteriores gobiernos y dinero etiquetado para estos fines. Dice además que las
empresas no cumplieron con su promesa de colaborar con donaciones cuantiosas si
esta obra se “desatoraba”. Pero al final, dice que no hay prisa, “si no lo
termino yo, que lo termine otro”, la gente irá construyendo con su esfuerzo
este gran proyecto que inició presupuestado en treinta millones de pesos, pero
al aumentar las expectativas y agregar elementos, tal presupuesto se ha triplicado.
La girola se ve avanzada, sus altos muros,
próximos de 25 metros metros, se ven imponentes. También la futura sacristía ya
tiene los suyos. Las bóvedas que rodearán al altar ya están terminadas. Todo
esto, a decir del doctor Pablo Muñoz, da esperanzas, pues se ve el avance antes
ni siquiera imaginado.
Al final, falta mucho para terminar. A
todo se agrega que ya no sólo son 2 parroquias en Arandas, ahora son 6, cada
una con sus proyectos y construcciones, cada una con sus respectivas
necesidades económicas. Pero mirando el gran socavón que se hizo para la
construcción, comprendiendo las demoliciones que se han hecho tumbando la casa
parroquial que taparía la girola, viendo las nuevas bóvedas apoyadas en muros
sólidamente reforzados, viendo algunas partes chapeadas ya de cantera, todo da
apariencia de que se ha avanzado demasiado.
También las voces de los que estaban en
contra del proyecto han callado, al menos públicamente. Las protestas por
tumbar el tradicional Parquecito del Beso
que estaba antes del socavón, también
han cedido. Sólo queda continuar sin más obstáculos que los económicos, pero
ellos se van sorteando muy poco a poco.
Para algunos será un logro arquitectónico,
para otros una victoria cultural. Algunos buscarán que Arandas sea reconocido
como lugar turístico. Pero la mayor parte de los pobladores fieles de la
Iglesia, buscarán mucho más.
El Templo de San José Obrero destaca entre
la ciudad lo que también sirve de orientación geográfica. Verlo avanzado,
conociendo su historia, llena de satisfacción a los arandenses. Sin embargo, a
la edificación como se puede ver, le esperan tiempos mejores.














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