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miércoles, 23 de octubre de 2019

Fusión de dos culturas subterráneas

La estación Auditorio ha pasado por un retoque británico pero su esencia sigue siendo la misma.

Apenas me encuentro en la entrada de la Estación Auditorio y ya lo puedo escuchar: un rugido, proveniente del subsuelo, producido por la gente. Gente, está por todas partes, mientras hago mi camino por las escaleras, los transeúntes van y vienen de prisa, e incluso hay varios instalados en los escalones, vendiendo desde cargadores para celular hasta playeras. “¿Sí alcanzó boleto güerita? ¿o se lo vendo?”, me dice un hombre con una barba negra prominente y de mediana edad, el cual me intenta vender boletos para el concierto de Carlos Rivera, el cual tendrá lugar esta noche en el Auditorio Nacional.
En el 2018 la estación recibió un redecorado londinense, trayendo consigo, a la escena de la estación de la línea siete, el estilo underground, y si no me pude percatar de esto con el gigantesco poste del mismo nombre a la entrada de la estación, lo hago ahora pues la escenografía es distinta, no mejor o peor, sólo diferente: las paredes son de azulejo blanco, estas parecen sostener bicicletas de distintos colores y tamaños en el aire. Al llegar me reciben tres muestras de las emblemáticas cabinas telefónicas a las cuales dos de ellas ahora sufren con la perdida de sus respectivos teléfonos, debajo de una de ellas también se sienta una mujer con su hija en manos pidiendo dinero.
Son apenas las seis de la tarde y aunque no halla tanta gente se puede sentir la energía caótica en el lugar, las personas que desean llegar de un lugar a otro rápido, es por eso no me detengo por tanto tiempo, camino hacia los torniquetes, deslizo mi tarjeta para entrar de la manera más eficaz que conozco, no pasa,  la señora detrás de mi se ve fastidiada. Me regresó hacia la casilla, donde fila es un poco larga, y me permito ver a mis alrededores: hay una nueva exposición de fotografías, colocada en las paredes de la estación, conmemorando los 85 años de la construcción de        Bellas Artes. Cuando por fin logró entrar otra cosa logra llamar mi atención, es un mural, protagonizado por las interpretaciones caricaturescas de leyendas del rock and roll, interactuando entre sí en la Ciudad de México. Está desde Dianna Ross, Johnny Cash y Bruce Springsteen montados en un turibus hasta Madonna, recreando la célebre escena con el vestido blanco de Marilyn Monroe, a las afueras de la Estación Auditorio.
“pàsele, pàsele, no le cobramos por ver”, reclama Lupita, dueña del negocio “todo barato!!” el cual está ubicado a un costado de las escaleras para poder bajar al segundo nivel. El decorado británico continua: han pegado una fotografía en lo que engloba todas las escaleras del Big Ben, las paredes (con el azulejo blanco) ahora están simplemente tapizadas, pero mantienen el mismo estilo e incorporan diferentes posters, los cuales buscan ejemplificar la relación de hermandad que se tienen estos dos países.
Al ir bajando hacia el último nivel de la estación, de la nada, muchas personas comienzan a llegar de todas partes, la mayoría arreglada como si fuera a salir a un evento especial, es cuando lo recuerdo, el concierto de esta noche. Toda la muchedumbre que se ha creado alrededor de las escaleras eléctricas ha impregnado la zona con un olor bastante particular, una combinación loción, perfume y sudor. El ruido que predomina se caracteriza por el cuchicheo constante de la gente, los vagones arribando y de la canción de fondo que se está siendo reproducida en estos momentos, se trata de what makes you beatiful de la banda británica One Directon .
Al entrar al vagón, en camino a la estación Polanco, me alegro de que no haya tanta gente dentro, pero aun así me topó con varios grupos de familias y amigos vestidos de gala. Una pareja se encuentra abrazada, el uno con el otro, en uno de los tubos y una de las manos del chico está acariciando la pansa de su chica claramente embarazada. Antes de cerrarse las puertas un hombre entra con una bocina enorme promocionando “los mejores hits de Queen”. La colisión estos dos países resulta tener una clase de sentido cómico, pues, aunque la ambientación es británica la personalidad se mantiene mexicana.

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