La estación Auditorio ha pasado por un retoque británico pero su esencia
sigue siendo la misma.
Apenas
me encuentro en la entrada de la Estación Auditorio y ya lo puedo escuchar: un
rugido, proveniente del subsuelo, producido por la gente. Gente, está por todas
partes, mientras hago mi camino por las escaleras, los transeúntes van y vienen
de prisa, e incluso hay varios instalados en los escalones, vendiendo desde
cargadores para celular hasta playeras. “¿Sí alcanzó boleto güerita? ¿o se lo
vendo?”, me dice un hombre con una barba negra prominente y de mediana edad, el
cual me intenta vender boletos para el concierto de Carlos Rivera, el cual
tendrá lugar esta noche en el Auditorio Nacional.
En
el 2018 la estación recibió un redecorado londinense, trayendo consigo, a la
escena de la estación de la línea siete, el estilo underground, y si no me
pude percatar de esto con el gigantesco poste del mismo nombre a la entrada de
la estación, lo hago ahora pues la escenografía es distinta, no mejor o peor,
sólo diferente: las paredes son de azulejo blanco, estas parecen sostener
bicicletas de distintos colores y tamaños en el aire. Al llegar me reciben tres
muestras de las emblemáticas cabinas telefónicas a las cuales dos de ellas ahora
sufren con la perdida de sus respectivos teléfonos, debajo de una de ellas también
se sienta una mujer con su hija en manos pidiendo dinero.
Son
apenas las seis de la tarde y aunque no halla tanta gente se puede sentir la
energía caótica en el lugar, las personas que desean llegar de un lugar a otro
rápido, es por eso no me detengo por tanto tiempo, camino hacia los torniquetes,
deslizo mi tarjeta para entrar de la manera más eficaz que conozco, no pasa, la señora detrás de mi se ve fastidiada. Me
regresó hacia la casilla, donde fila es un poco larga, y me permito ver a mis
alrededores: hay una nueva exposición de fotografías, colocada en las paredes de
la estación, conmemorando los 85 años de la construcción de Bellas Artes. Cuando por fin logró entrar
otra cosa logra llamar mi atención, es un mural, protagonizado por las interpretaciones
caricaturescas de leyendas del rock and roll, interactuando entre sí en
la Ciudad de México. Está desde Dianna Ross, Johnny Cash y Bruce Springsteen montados
en un turibus hasta Madonna, recreando la célebre escena con el vestido blanco de
Marilyn Monroe, a las afueras de la Estación Auditorio.
“pàsele,
pàsele, no le cobramos por ver”, reclama Lupita, dueña del negocio “todo
barato!!” el cual está ubicado a un costado de las escaleras para poder bajar
al segundo nivel. El decorado británico continua: han pegado una fotografía en
lo que engloba todas las escaleras del Big Ben, las paredes (con el
azulejo blanco) ahora están simplemente tapizadas, pero mantienen el mismo
estilo e incorporan diferentes posters, los cuales buscan ejemplificar
la relación de hermandad que se tienen estos dos países.
Al
ir bajando hacia el último nivel de la estación, de la nada, muchas personas
comienzan a llegar de todas partes, la mayoría arreglada como si fuera a salir
a un evento especial, es cuando lo recuerdo, el concierto de esta noche. Toda
la muchedumbre que se ha creado alrededor de las escaleras eléctricas ha
impregnado la zona con un olor bastante particular, una combinación loción,
perfume y sudor. El ruido que predomina se caracteriza por el cuchicheo constante
de la gente, los vagones arribando y de la canción de fondo que se está siendo reproducida
en estos momentos, se trata de what makes you beatiful de la banda
británica One Directon .
Al
entrar al vagón, en camino a la estación Polanco, me alegro de que no haya
tanta gente dentro, pero aun así me topó con varios grupos de familias y amigos
vestidos de gala. Una pareja se encuentra abrazada, el uno con el otro, en uno
de los tubos y una de las manos del chico está acariciando la pansa de su chica
claramente embarazada. Antes de cerrarse las puertas un hombre entra con una
bocina enorme promocionando “los mejores hits de Queen”. La colisión estos dos
países resulta tener una clase de sentido cómico, pues, aunque la ambientación
es británica la personalidad se mantiene mexicana.
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