Breaking

viernes, 1 de noviembre de 2019

De mojado a jugador de primera división: Rafa Baca




  “Que no te permitan jugar es lo más difícil de ser jugador profesional”

“Que mi familia vaya a mis partidos: mis mejores momentos como futbolista"

Por Javier Hernández Sánchez

30 horas de camino por terreno árido, salieron de un pueblo llamado Palomas, un niño de 7 años camina con dificultad, va con su hermanita Yennifer de 6 años. Caminaban con sus abuelos maternos con quienes no conocían muy bien, pues apenas convivían con ellos. Avanzaron caminando por el terreno desértico de Arizona, dormían en el suelo por la noche con el peligro de ser picados o mordidos por animales peligrosos, su hermana estaba deshidratada y corría peligro de perder la vida por esa razón. Todo es un riesgo muy grande para personas tan pequeñas.

Este niño era Rafael Baca Miranda que se convertirá algunos años después en jugador profesional perteneciente al equipo del Cruz Azul. El grupo de migrantes con el que viajaba de pequeño ya ha sido descubierto en dos ocasiones por la migra por intentar ingresar a Estados Unidos para encontrarse con su familia, por ello tienen que intentar ese camino sumamente peligroso. Baca dice que se veía animado con la esperanza de estar con los que tanto extrañaba. Después de esas 30 horas de dureza entre grandes fríos como agotantes calores, se los llevaron en vehículo a los Ángeles con sus padres. Tal experiencia quedó marcado en su interior para siempre y lo vivé como con actitud de agradecimiento.

Su papá había partido hacía Estados Unidos cinco meses antes, pocos días después su mamá también se había marchado con su esposo. Se vieron orillados a tal decisión por su condición económica precaria en Tuxpan de las Flores en Michoacán. Rafa Baca vivió la dureza de no tener lo suficiente para vivir por lo que trabajó ayudando a su abuelo paterno que era albañil y le pagaba 20 pesos por echar pequeñas vueltas de 3 tabiques, eso era una fortuna para él. También en ausencia de sus padres trabajó vendiendo paletas en un carrito y después vendiendo donas, lo que confiesa que no le fue muy bien,  pues se veía  en la necesidad de pagar las que el mismo se comía.

Ahora me lo encuentro en el séptimo piso de un edificio moderno y algo suntuoso de departamentos. Para ingresar necesito dejar mi automóvil con un valet parking, en la puerta, antes de cruzar, dejo una identificación oficial sin otra posibilidad para que me permitan entrar. Me registran y se comunican a su departamento y piden su autorización para mi ingreso, me dan un gafete de aprobación. Coincide mi ingreso con el de unos niños pequeños llevados cuidadosamente por camiones escolares de colegios privados de prestigio. La asistente del camión no puede volver a subir al vehículo hasta confirmar que los niños están en el interior del complejo. Dentro hay un recibidor lujoso entre espejos con marcos elegantes y muebles con sólidos dorados, hay guardias y un recepcionista al pendiente. Encuentro el elevador y suben conmigo dos señoras que platican sobre lugares con costos altos para arreglarse. Llegando al séptimo piso, encuentro que el departamento está pegado al elevador. Timbro y la primera persona que escucho se acerca a la puerta es un niño de aproximadamente tres años, lo sé por sus pasos cortos y apresurados y su voz aguda que emite pequeños gritos que se va acercando. Abre y saludo, tras él se acerca su padre Rafa Baca que me invita inmediatamente a ingresar al departamento.  

Rafa se ve dispuesto a platicar temas de actualidad, como de religión, pues es católico practicante. Mientras su esposa nos termina de preparar las enchiladas verdes con pollo de carne suave. Dice que está contento con la vida que le ha tocado, y si tuviera la oportunidad de cambiar algo de su pasado, no lo haría: ahora los logros tienen un sabor más dulce y sabe disfrutarlos mejor.

El gustó por el futbol lo obtuvo de un tío hermano de parte de su padre. Él jugaba futbol y Rafa iba a verlo, le encantó ver cómo la gente se emocionaba con sus jugadas y le nació el deseo de ser como su tío. Sólo contaba con 5 años. Su tío al ver el interés lo llevaba a un parque de Tuxpan de una zona llamada Pueblita. De esta pequeña edad hasta los 14 años, nunca se figuró ser jugador profesional.

Aparte de los arreglos estructurales del departamento, que son algo refinados, no hay lujos en los muebles ni en los cuadros o adornos personales de esta joven pareja. El mediocampista me plática que en Estados Unidos le batalló mucho en un inició, pues tuvo dificultades por las barreras lógicas de cultura e idioma, aunque tenía una amiga que le ayudaba como traductora. Jugó béisbol y le dijo a su papá llorando que nunca más en su vida quería volver a hacerlo. Pero unos amigos lo invitaron a una liguilla los domingos y de allí inició su aventura en ascenso por este mundo del deporte.

Por ser buen deportista en la preparatoria Animo Leadership Charterdonde en el último año nunca perdió ningún partido, una universidad lo becó a pesar de su condición migratoria: la Universidad Loyola Marymount, allí fue jugador estrella del equipo. Tuvo la oportunidad de estar esperando la contratación para la primera división, de nuevo por su status migratorio se le dificultó que lo contrataran. 

Murió un compañero de la universidad en el equipo de futbol. Cuando fueron a las exequias en Cupertino, lugar de dónde el fallecido era originario, conoció al asistente del entrenador de San José Earthquakes de la MLS, pues su compañero entrenaba con él. El conocerse valió para tener el propósito de integrarlo a ese equipo. Regresó su casa a los Ángeles llegando en domingo y tuvo que regresare el mismo día para las pruebas del equipo. Rafa, sobre este asunto dice: “Fue parte del destino que Dios me tenía preparado. Obviamente creo que también mi amigo trabajó como un ángel para mí y poder contactarme con el entrenador”. Regresó a reportarse a Guadalajara para conseguir la visa americana, se la negaron y tuvo que quedarse dos meses para impugnar y conseguir lo que se proponía.

Mientras habla su hijo se inquieta y se va a jugar con sus grandes pistas para carritos y empiezo a escuchar de fondo el azotar de esos pequeños juguetes maltratados por la inquietud normal de un niño saludable en la confianza de su hogar.

En esa estancia en Guadalajara, conoció por un amigo, a su futura esposa de San Ignacio Cerro Gordo Jalisco. Programaron casarse en Estados Unidos, pero el gobierno estadounidense castigo por dos años al futbolista por un error en el manejo de papeles del Cruz Azul. Entonces canceló la boda religiosa una semana antes de que se llevara a cabo.

A finales del 2013 el equipo del Cruz Azul lo contrató. Esa fue una gran experiencia para él, pues en México el futbol es el deporte número uno y se siente perteneciente a un gran equipo.

Ante la pregunta de cómo logró estar de jugador profesional de futbol, maneja 3 cosas claves: la mente, la disciplina y la consistencia. “La mente porque el futbol es el reflejo de la sociedad en todos los ámbitos: hay gente que te va a querer, gente que no te va a querer, hay quien dirá que no sirves para nada y habrá quién te dirá que eres un crack o dios para ellos”. Para él, la mente fuerte consiste en saber sobrellevar la buena estimación como la mala, incluso en la gran afición con la que dice tener mucho contacto. La disciplina es indispensable sabiendo que se tienen que dejar muchas cosas de lado y la consistencia pues hay que entrenar todos los días. Si se tiene en todos los ámbitos esas tres cosas, se podrá, según dice, lograr lo que se proponga. Estas ideas me las dice con mucha seguridad y sin dudar, pero disfruta mucho cuando me habla de su familia y sus seres queridos, especialmente de su esposa y la reja que echaba sólo cada dos meses pues él  vivía en Estados Unidos y ella en un pueblo de Jalisco.

De tés morena, posee hombros estrechos y al mismo tiempo robusto. Rafa Baca tiene el cabello negro, muy corto a los lados, parece que en la parte de arriba el poco cabello que tiene permanece detenido naturalmente. Habla conmigo con confianza, ágilmente, casi se atropellan las palabras unas con otras, pero no alcanza suceder. Su voz es ronca aunque con una combinación de tono agudo cuando avanzan las palabras. No sufre al hablar de él mismo, ni de su historia, ni de sus momentos difíciles, que no oculta. Sobre estos momentos, dice que son aquellos dónde no le permiten jugar, cuya experiencia acaba de experimentar. Evidentemente se refiere al tiempo de prueba que ha vivido recientemente, pues el entrenador Pedro Caixinha no le permitía participar como titular: en el Apertura 2019, jugó tan sólo 10 minutos de 720 posibles.  “Al final eso también te sirve de aprendizaje para valorar lo que hacer dentro de la cancha, esforzarte un poco más… Cuando el futbolista deja de jugar ya no tiene el mismo ritmo, la misma agilidad y tiene que luchar más para recuperar el nivel anterior”. Al parecer ahora tiene una nueva oportunidad, pues todo el equipo técnico del Cruz Azul ha sido modificado y ha llegado Robert Dante Siboldi que prácticamente lo deja de titular en los juegos de la Maquina Azul.

Para Rafa el futbolista tiene que tener extremo cuidado, dice que los futbolistas regresarán muy rápido a una vida normal: “al final del día (el futbolista) ganará poco”. Dice que se puede terminar sin nada si se descuida, él se dice previendo ese momento cuando deje de jugar en la primera división. 

Rafa, de una estatura media de 1.73m de altura y 73 kilos de peso. De ojos negros y un poco hundidos, sus cejas definidas, pobladas y bien separadas. Su nariz es alargada y sus labios carnosos, se ve dispuesto a escuchar la siguiente pregunta incluso con inquietud de quien se alaga con la oportunidad de responder. Cuando le preguntó sobre su momento mejor en el futbol, deja la inmediatez de las respuestas, baja la mirada hacía su café, lo bate lentamente con su cuchara observando el movimiento, después mira a su izquierda hacía donde juega su hijo y dice: “Tener a mi familia en el estadio mirándome jugar, mi esposa y mis hijos entre la afición: esa es la mejor recompensa”.

    


No hay comentarios:

Publicar un comentario