La tasa de suicidios en
México ha ido en aumento con cada año que pasa, ¿la población más afectada?, los
varones jóvenes.
Los suicidios en México:
un problema en crecimiento
“Nos
vemos en la noche”, cuando la Señora Ramírez se despidió de hijo Luis, el cual
se encontraba en camino a la escuela, no pensó que estas sería el último adiós.
Aunque el chico de 19 años tenga cuatro años fallecido, ese recuerdo sigue vivo
en la memoria de su madre, del día en que su niño decidido ponerle fin a todo:
“yo y mi marido trabajamos todo el día, por eso, por las tardes, a Luis y Edith
los cuidaba mi mamá. Luis traía carro entonces los dos se iban y regresaban
juntos de la escuela. Ese día Edith se quedó de ver con unas amigas, entonces Luis
iba a regresarse solo a la casa, pero nunca llegó. La abuela pensó que se había
quedado en la tarde en la universidad (como lo hacía la mayoría de las veces),
pero en verdad se fue a estacionar a un callejón cerca de nuestra casa, por eso
les costó un poco más de tiempo encontrarlo. Los peritos luego nos dijeron que
se había quedado ahí sentado en su auto un buen rato antes de dispararse, la
pistola la consiguió de mi marido, pero según yo nosotros dos éramos los únicos
que sabíamos que él tenía una. Cuando llegué a la casa ya había patrullas y
ambulancias, sólo pude ver cómo llevaban a mi hijo en una de ellas”.
En
México los suicidios en adolescentes parecieran estar a la orden del día, con
el paso de los años este fenómeno se ha llegado a convertir en la segunda causa
de muerte entre la población joven (seguida sólo por los accidentes). Casos
como el de Luis no resultan inusuales, es uno de varios, y tal como él, en el
país la mayoría que decide cometer este acto son hombres. Según datos del
SINAIS (Sistema Nacional de Información en Salud) ocho de cada diez suicidios, son
cometidos por varones.
La
forma en la que uno se suicida también parece variar en género, tal como Luis
lo hizo es como muchos chicos se van: de un balazo. “Se les hace más efectivo,
más rápido”, me dice la tanatóloga y suicidióloga Patricia Trejo, “generalmente
la gran mayoría se ahorca, pero los hombres siempre buscan una salida rápida,
más sencilla, lo que sea más efectivo para acabar con el dolor lo más pronto posible”.
La
interrogante de por qué una persona decide quitarse la vida no tiene una
respuesta directa, pero expertos parecen haber llegado a una clase de acuerdo:
que se debe a cuestiones psicológicas y por un lado no están equivocados, pues,
la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) parce concordar con ellos,
clasificando trastornos mentales como la depresión como la causa número uno del
suicidio.
Para Patricia el suicidio no parece tener una
respuesta tan simple: “no sólo es eso, sí, si juntas una patología como la
depresión o la esquizofrenia con problemas que cualquier otra persona
atraviesa, eso sólo va a hacer que a una persona se haga mucho más propensa a
quitarse la vida; pero el suicidio es más complejo que eso, no te despiertas un
día y decides acabar con todo, son varios problemas que se van acumulando en la
vida de la persona. Lo que se tiene que hacer si se trata de prevenir una situación
como estas es hablar sobre ellos” me dice Patricia con el ceño fruncido. Esto
parece ser donde los dilemas comienzan, pues, cuando hablamos de conflictos y
varones mexicanos pareciera que estos no tienen o por lo menos así les gustaría
verse representados.
“Ser
un hombre de verdad”: la salud mental y el machismo en México
Todo
comienza con la familia, literalmente; se trata del primer grupo al que
pertenecemos de ahí es donde comenzamos a ver cómo debemos comportarnos, cómo enfrentarnos
al mundo externo, y para un niño mexicano esto significa comenzar a “aguantarse”,
aguantarse a lo que la vida te arroje, sea bueno o sea malo, un chico tiene que
aprender a combatir, ah, pero eso sí, lo tiene que hacer solo, sin caballeros
que lo protejan, nadie tiene que
enterase de su batalla esta debe ser silenciosa, interna, pues no quieres verte
débil ¿o sí? Esta es, en su mayoría, la educación que se recibe en un hogar mexicano
donde las ideas sobre la masculinidad, sobre ser hombre, son distorsionadas
hacia un discurso machista.
Es
como si se les entregara un manual de comportamiento, como el de Carreño, pero
en vez de ética en la mesa este les enseña cómo debe ser un “hombre de verdad”,
el mismo no presenta señal de problemas, porque no los tiene o por lo menos no
debería, y si los hay no los tiene que andar contando, porque que vergüenza que
sepan que sientes algo.
El
machismo en México no ha surgido de noche a la mañana, se ha ido construyendo
con el paso del tiempo, por eso está tan arraigado en la cultura. Desde la
época de La Revolución mexicana, veíamos a los caudillos decirles a sus hombres
que sean “machos”, pues esto representaba valentía, la palabra con el tiempo
sólo ha ido adquiriendo cada vez más denotaciones, pero lo que es verdad es que
el estereotipo de hombre que se ha creado de esta no hace nada más que
encasillar y reducir.
“
Yo era un niño muy chillón, por eso de los recuerdos más grabados en mi memoria
son de mi papá jalándome a un lado (en reuniones familiares o en el parque)
para decirme que no llorara, que estaba mal, y que más me valía no volverlo
hacer en público” me dice Vilichis, mientras ve al suelo y juega con sus manos “
a mi papá yo lo quiero mucho, pero creo que fue una de las razones por las que
me tomó tanto tiempo pedir ayuda ¿sabes?, pensé que no podía, que no era una
posibilidad”. Vilchis tiene 18 años y hace dos fue diagnosticado con depresión
crónica, “a veces si llegaba a pensar en suicidarme, incluso buscaba como que
formas para hacerlo, nunca lo intente, pero mi mente casi siempre iba ahí cuando
me daban mis peores bajones”.
Aspectos
como ir al psicólogo o de la salud mental, en México, siguen teniendo estigmas y
prejuicios, por lo tanto, no se desean ni siquiera tocar. Tampoco sabemos cómo
estamos, pues de acuerdo a una
encuesta nacional en vivienda de Parametría, 98% de los mexicanos consideran
que tienen una buena salud mental, contradiciendo los hechos
totalmente, pues según a La Encuesta Nacional de Epidemiología Siquiátrica
(2003), los hombres (30.4%) presentan porcentajes más altos de cualquier
trastorno en comparación con las mujeres (27.1%).
“Contados
te los puedo decir: cinco, cinco son los hombres que vienen conmigo a terapia”,
afirma Patricia, “a quien realmente veo es a la familia que está preocupada por
el niño, porque ya no come, porque ya no es el mismo o porque se acaba de
matar”.
Para
los hombres resulta aún más complicado el simple hecho de platicar sobre sus
sentimientos con quien sea; piensan que esto los hace ver débiles o vulnerables,
y eso sería, el peor acontecimiento para el rol de machos alfa que tratan de
cumplir, pero el hecho es: al no dialogar sobre las de las cosas por las que
pasan, lo que les enoja, entristece, angustia, estos sentimientos se quedan
embotellados, generando a la larga más problemas.
“Se
guardan las cosas, cuando les va mal en la escuela, cuando tienen problemas
familiares o terminaron con la novia, nunca le dicen a nadie cómo la situación
los hace sentir. Aunque no lo pensemos de esa manera esto sí les pega, porque no
se suicidan por una sola razón, son cosas que se van acumulando. Me han tocado
chicos en la clínica (que intentaron suicidarse), que me cuentan de sus porqués
y son una serie de cosas, pero, en ocasiones, a mi parecer, son problemas los
cuales tendrían una resolución fácil si tan sólo se hablara de ellos en familia,
pero eso también resulta ser lo que menos saben o quieren hacer”.
Hablar
sobre el caos por el que está pasando la vida de un hombre, en especial cuando
son jóvenes pues es cuando sienten más que nunca y pasan por tantas
transformaciones, resulta difícil cuando no se ha generado un ambiente que les
permita hacerlo. Mantenerse callados sobre las cuestiones que enfrentan
propensa a que estos se vallan acumulando, creando a su paso una especie de nube
negra de emociones, la cual nunca ve la luz del día.
Cuestiones
que tienen que ver con la escuela como el bullying, sus calificaciones, los
problemas entre amigos o compañeros les afectan, pero eso nunca lo van a decir,
pues no cumple con el papel que deberían estar interpretando, toman así otra
salida, se van al alcohol o a las drogas para poder desconectarse por un
momento de sus problemas: “fumaba mucha marihuana, más de la que ahora tengo prescrita,
porque me ayudaba a relajarme, a dejar de sentir tanto por un rato”, comenta
Vilchis.
“La parte que más me duele es que yo nunca
supe que Luis se sentía mal, tan mal como para querer ponerle fin a su vida, era
un niño tan alegre, nunca nos dijo nada, y veces me pregunto ¿y si sí lo hizo?, ¿me habrá
querido decir algo y yo no lo pelee?, eso es lo que me mantiene despierta en
las noches, de lo que más me arrepiento”, confiesa la Señora Ramírez.
La
vida después de la muerte
Perder
a un ser querido a causa del suicidio es uno de los dolores más fuertes a los
que se puede enfrentar la unión familiar, pues un miembro se ha ido, pero ha
sido su decisión irse, y las personas que se quedan lo único que quieren es
averiguar por qué o si lo pudieron prevenir. Es donde entra el asunto del
duelo: “Hay mucha culpa, y preguntas, montones de preguntas, pero es con lo que
les trato de ayudar, a entender que cualquiera que hubiera sido la razón lo importante
es empezar a hablar entre familia, de lo que le paso a mi hermano, a mi papá,
para así comenzar a sanar, es lo mejor para poder seguir viviendo”, manifiesta
Patricia.
El
tabú
El
suicidio no siempre solía representar un problema para el país, en los
noventas, cada año, se registraba el suicidio de tan sólo cuatro jóvenes, de
entre 15 y 29 años; este número no ha envejecido bien, de hecho, ha ido en
aumento conforme pasan los años llegando a un número récord: hasta nueve
suicidios por cada millón de habitantes, representando casi al doble, según
datos del SINAIS.
“Yo
no le haría mucho caso a los números si fuera tú, muchas veces las familias que
tienen que lidiar con el suicidio de un
pariente (en especial si es hombre), no lo quieren comentar ni entre ellos,
dicen: ‘ay no, no, no, que horror, ¿imagínate que se enteren que tu hermano se
mató?, no, mejor tú, calladito’, y se lo quedan guardado”, me dice Patricia
Trejo.
Aquí
es donde entra el problema con los datos: lo desfazados que estos pueden estar,
ya que, la muerte voluntaria sigue tratándose de un tema tabú en la sociedad.
En la antigüedad, cuando alguien se suicidaba, se trataba de esconder al
cadáver con piedras, no dejar que lo enterraran en el panteón municipal, cuando
sí se les reconocía era porque lo habían hecho por un acto heroico, de valentía;
siglos después y la cosa parece estar igual, hoy sí podemos enterrar
propiamente al muerto, hoy sí hay tumba, pero ¿la razón?, de esa que nadie se
entere.
Muchas
familias toman entonces la decisión de clasificar la muerte de su ser querido
por otras causas menos la del suicidio, con el deseo de ocultarlo, porque da
vergüenza. Esto sólo afecta más al proceso del duelo, pues nunca se habla de lo
que en verdad paso, por lo que nunca hay un cierre, la historia se queda
inconclusa y volvemos al problema inicial de no hablar sobre los sentimientos.
“Me
costó mucho decirle a mi familia cómo me sentía, creo que me costó más decirle
a mi mamá que al propio doctor que a veces me daban bajones muy fuertes de
ánimo. Te lo juro, había días en los que me costaba sólo pararme de la cama, y
pues no lo hacía, me quedaba ahí todo el día”, comenta Vilchis.
Salud
mental vs el gobierno
Tal
como la salud física la salud mental también afecta-aunque no se piense así-al
rendimiento académico y laboral. Según la revista Forbes México, al país le llega
a costar al año cuestiones de salud mental como la depresión unos 2.9 mdd y el suicidio
79.2 mdd. Esto por la pérdida de mano de obra que ambas implican.
Pero
para el gobierno esta situación no parece causar ninguna inquietud, pues según
datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) el
presupuesto designado a salud mental en el 2017 fue de 2.2% y en este sexenio
se estima uno de 0.5%, presentando una baja significativa (del 22%) y una
muestra de dónde se encuentran las prioridades del gobierno.
Despierta
México
Es
necesario recordar que cuestiones como el suicidio y sobre la salud mental no
sólo implican a la persona que cometió el acto o que se encuentra pasando por
un momento difícil. Los factores que implican que alguien decida acabar con su
vida también tienen que ver con el entorno en el que vive, en el caso de los
hombres este mismo no los ha tratado bien.
Las
normas machistas seguidas por muchos impiden abrir un espacio al dialogo, de
hecho, encierra a las personas. Como sociedad es necesaria la responsabilización,
se requiere comenzar a abrir un espacio de dialogo, al igual que remodelar la manera
en la cual se contemplan temas sobre lo que implica la masculinidad, la salud
mental y el suicidio.
“No se trata de ser débil, se trata de ser
humano, de tener la capacidad de sentir y expresar lo que sentimos”, finaliza
Patricia.

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