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lunes, 2 de diciembre de 2019

Sufriendo en silencio


La tasa de suicidios en México ha ido en aumento con cada año que pasa, ¿la población más afectada?, los varones jóvenes.

Los suicidios en México: un problema en crecimiento  

“Nos vemos en la noche”, cuando la Señora Ramírez se despidió de hijo Luis, el cual se encontraba en camino a la escuela, no pensó que estas sería el último adiós. Aunque el chico de 19 años tenga cuatro años fallecido, ese recuerdo sigue vivo en la memoria de su madre, del día en que su niño decidido ponerle fin a todo: “yo y mi marido trabajamos todo el día, por eso, por las tardes, a Luis y Edith los cuidaba mi mamá. Luis traía carro entonces los dos se iban y regresaban juntos de la escuela. Ese día Edith se quedó de ver con unas amigas, entonces Luis iba a regresarse solo a la casa, pero nunca llegó. La abuela pensó que se había quedado en la tarde en la universidad (como lo hacía la mayoría de las veces), pero en verdad se fue a estacionar a un callejón cerca de nuestra casa, por eso les costó un poco más de tiempo encontrarlo. Los peritos luego nos dijeron que se había quedado ahí sentado en su auto un buen rato antes de dispararse, la pistola la consiguió de mi marido, pero según yo nosotros dos éramos los únicos que sabíamos que él tenía una. Cuando llegué a la casa ya había patrullas y ambulancias, sólo pude ver cómo llevaban a mi hijo en una de ellas”.
En México los suicidios en adolescentes parecieran estar a la orden del día, con el paso de los años este fenómeno se ha llegado a convertir en la segunda causa de muerte entre la población joven (seguida sólo por los accidentes). Casos como el de Luis no resultan inusuales, es uno de varios, y tal como él, en el país la mayoría que decide cometer este acto son hombres. Según datos del SINAIS (Sistema Nacional de Información en Salud) ocho de cada diez suicidios, son cometidos por varones.
La forma en la que uno se suicida también parece variar en género, tal como Luis lo hizo es como muchos chicos se van: de un balazo. “Se les hace más efectivo, más rápido”, me dice la tanatóloga y suicidióloga Patricia Trejo, “generalmente la gran mayoría se ahorca, pero los hombres siempre buscan una salida rápida, más sencilla, lo que sea más efectivo para acabar con el dolor lo más pronto posible”.
La interrogante de por qué una persona decide quitarse la vida no tiene una respuesta directa, pero expertos parecen haber llegado a una clase de acuerdo: que se debe a cuestiones psicológicas y por un lado no están equivocados, pues, la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) parce concordar con ellos, clasificando trastornos mentales como la depresión como la causa número uno del suicidio.
 Para Patricia el suicidio no parece tener una respuesta tan simple: “no sólo es eso, sí, si juntas una patología como la depresión o la esquizofrenia con problemas que cualquier otra persona atraviesa, eso sólo va a hacer que a una persona se haga mucho más propensa a quitarse la vida; pero el suicidio es más complejo que eso, no te despiertas un día y decides acabar con todo, son varios problemas que se van acumulando en la vida de la persona. Lo que se tiene que hacer si se trata de prevenir una situación como estas es hablar sobre ellos” me dice Patricia con el ceño fruncido. Esto parece ser donde los dilemas comienzan, pues, cuando hablamos de conflictos y varones mexicanos pareciera que estos no tienen o por lo menos así les gustaría verse representados.

“Ser un hombre de verdad”: la salud mental y el machismo en México
Todo comienza con la familia, literalmente; se trata del primer grupo al que pertenecemos de ahí es donde comenzamos a ver cómo debemos comportarnos, cómo enfrentarnos al mundo externo, y para un niño mexicano esto significa comenzar a “aguantarse”, aguantarse a lo que la vida te arroje, sea bueno o sea malo, un chico tiene que aprender a combatir, ah, pero eso sí, lo tiene que hacer solo, sin caballeros que lo protejan,  nadie tiene que enterase de su batalla esta debe ser silenciosa, interna, pues no quieres verte débil ¿o sí? Esta es, en su mayoría, la educación que se recibe en un hogar mexicano donde las ideas sobre la masculinidad, sobre ser hombre, son distorsionadas hacia un discurso machista.
Es como si se les entregara un manual de comportamiento, como el de Carreño, pero en vez de ética en la mesa este les enseña cómo debe ser un “hombre de verdad”, el mismo no presenta señal de problemas, porque no los tiene o por lo menos no debería, y si los hay no los tiene que andar contando, porque que vergüenza que sepan que sientes algo.
El machismo en México no ha surgido de noche a la mañana, se ha ido construyendo con el paso del tiempo, por eso está tan arraigado en la cultura. Desde la época de La Revolución mexicana, veíamos a los caudillos decirles a sus hombres que sean “machos”, pues esto representaba valentía, la palabra con el tiempo sólo ha ido adquiriendo cada vez más denotaciones, pero lo que es verdad es que el estereotipo de hombre que se ha creado de esta no hace nada más que encasillar y reducir.
“ Yo era un niño muy chillón, por eso de los recuerdos más grabados en mi memoria son de mi papá jalándome a un lado (en reuniones familiares o en el parque) para decirme que no llorara, que estaba mal, y que más me valía no volverlo hacer en público” me dice Vilichis, mientras ve al suelo y juega con sus manos “ a mi papá yo lo quiero mucho, pero creo que fue una de las razones por las que me tomó tanto tiempo pedir ayuda ¿sabes?, pensé que no podía, que no era una posibilidad”. Vilchis tiene 18 años y hace dos fue diagnosticado con depresión crónica, “a veces si llegaba a pensar en suicidarme, incluso buscaba como que formas para hacerlo, nunca lo intente, pero mi mente casi siempre iba ahí cuando me daban mis peores bajones”.
Aspectos como ir al psicólogo o de la salud mental, en México, siguen teniendo estigmas y prejuicios, por lo tanto, no se desean ni siquiera tocar. Tampoco sabemos cómo estamos, pues de acuerdo a una encuesta nacional en vivienda de Parametría, 98% de los mexicanos consideran que tienen una buena salud mental, contradiciendo los hechos totalmente, pues según a La Encuesta Nacional de Epidemiología Siquiátrica (2003), los hombres (30.4%) presentan porcentajes más altos de cualquier trastorno en comparación con las mujeres (27.1%).
“Contados te los puedo decir: cinco, cinco son los hombres que vienen conmigo a terapia”, afirma Patricia, “a quien realmente veo es a la familia que está preocupada por el niño, porque ya no come, porque ya no es el mismo o porque se acaba de matar”.
Para los hombres resulta aún más complicado el simple hecho de platicar sobre sus sentimientos con quien sea; piensan que esto los hace ver débiles o vulnerables, y eso sería, el peor acontecimiento para el rol de machos alfa que tratan de cumplir, pero el hecho es: al no dialogar sobre las de las cosas por las que pasan, lo que les enoja, entristece, angustia, estos sentimientos se quedan embotellados, generando a la larga más problemas.
“Se guardan las cosas, cuando les va mal en la escuela, cuando tienen problemas familiares o terminaron con la novia, nunca le dicen a nadie cómo la situación los hace sentir. Aunque no lo pensemos de esa manera esto sí les pega, porque no se suicidan por una sola razón, son cosas que se van acumulando. Me han tocado chicos en la clínica (que intentaron suicidarse), que me cuentan de sus porqués y son una serie de cosas, pero, en ocasiones, a mi parecer, son problemas los cuales tendrían una resolución fácil si tan sólo se hablara de ellos en familia, pero eso también resulta ser lo que menos saben o quieren hacer”.
Hablar sobre el caos por el que está pasando la vida de un hombre, en especial cuando son jóvenes pues es cuando sienten más que nunca y pasan por tantas transformaciones, resulta difícil cuando no se ha generado un ambiente que les permita hacerlo. Mantenerse callados sobre las cuestiones que enfrentan propensa a que estos se vallan acumulando, creando a su paso una especie de nube negra de emociones, la cual nunca ve la luz del día.
Cuestiones que tienen que ver con la escuela como el bullying, sus calificaciones, los problemas entre amigos o compañeros les afectan, pero eso nunca lo van a decir, pues no cumple con el papel que deberían estar interpretando, toman así otra salida, se van al alcohol o a las drogas para poder desconectarse por un momento de sus problemas: “fumaba mucha marihuana, más de la que ahora tengo prescrita, porque me ayudaba a relajarme, a dejar de sentir tanto por un rato”, comenta Vilchis.
 “La parte que más me duele es que yo nunca supe que Luis se sentía mal, tan mal como para querer ponerle fin a su vida, era un niño tan alegre, nunca nos dijo nada, y  veces me pregunto ¿y si sí lo hizo?, ¿me habrá querido decir algo y yo no lo pelee?, eso es lo que me mantiene despierta en las noches, de lo que más me arrepiento”, confiesa la Señora Ramírez.
La vida después de la muerte
Perder a un ser querido a causa del suicidio es uno de los dolores más fuertes a los que se puede enfrentar la unión familiar, pues un miembro se ha ido, pero ha sido su decisión irse, y las personas que se quedan lo único que quieren es averiguar por qué o si lo pudieron prevenir. Es donde entra el asunto del duelo: “Hay mucha culpa, y preguntas, montones de preguntas, pero es con lo que les trato de ayudar, a entender que cualquiera que hubiera sido la razón lo importante es empezar a hablar entre familia, de lo que le paso a mi hermano, a mi papá, para así comenzar a sanar, es lo mejor para poder seguir viviendo”, manifiesta Patricia.
El tabú
El suicidio no siempre solía representar un problema para el país, en los noventas, cada año, se registraba el suicidio de tan sólo cuatro jóvenes, de entre 15 y 29 años; este número no ha envejecido bien, de hecho, ha ido en aumento conforme pasan los años llegando a un número récord: hasta nueve suicidios por cada millón de habitantes, representando casi al doble, según datos del SINAIS.
“Yo no le haría mucho caso a los números si fuera tú, muchas veces las familias que tienen que lidiar con el  suicidio de un pariente (en especial si es hombre), no lo quieren comentar ni entre ellos, dicen: ‘ay no, no, no, que horror, ¿imagínate que se enteren que tu hermano se mató?, no, mejor tú, calladito’, y se lo quedan guardado”, me dice Patricia Trejo.
Aquí es donde entra el problema con los datos: lo desfazados que estos pueden estar, ya que, la muerte voluntaria sigue tratándose de un tema tabú en la sociedad. En la antigüedad, cuando alguien se suicidaba, se trataba de esconder al cadáver con piedras, no dejar que lo enterraran en el panteón municipal, cuando sí se les reconocía era porque lo habían hecho por un acto heroico, de valentía; siglos después y la cosa parece estar igual, hoy sí podemos enterrar propiamente al muerto, hoy sí hay tumba, pero ¿la razón?, de esa que nadie se entere.
Muchas familias toman entonces la decisión de clasificar la muerte de su ser querido por otras causas menos la del suicidio, con el deseo de ocultarlo, porque da vergüenza. Esto sólo afecta más al proceso del duelo, pues nunca se habla de lo que en verdad paso, por lo que nunca hay un cierre, la historia se queda inconclusa y volvemos al problema inicial de no hablar sobre los sentimientos.
“Me costó mucho decirle a mi familia cómo me sentía, creo que me costó más decirle a mi mamá que al propio doctor que a veces me daban bajones muy fuertes de ánimo. Te lo juro, había días en los que me costaba sólo pararme de la cama, y pues no lo hacía, me quedaba ahí todo el día”, comenta Vilchis.

Salud mental vs el gobierno
Tal como la salud física la salud mental también afecta-aunque no se piense así-al rendimiento académico y laboral. Según la revista Forbes México, al país le llega a costar al año cuestiones de salud mental como la depresión unos 2.9 mdd y el suicidio 79.2 mdd. Esto por la pérdida de mano de obra que ambas implican.
Pero para el gobierno esta situación no parece causar ninguna inquietud, pues según datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) el presupuesto designado a salud mental en el 2017 fue de 2.2% y en este sexenio se estima uno de 0.5%, presentando una baja significativa (del 22%) y una muestra de dónde se encuentran las prioridades del gobierno.

Despierta México
Es necesario recordar que cuestiones como el suicidio y sobre la salud mental no sólo implican a la persona que cometió el acto o que se encuentra pasando por un momento difícil. Los factores que implican que alguien decida acabar con su vida también tienen que ver con el entorno en el que vive, en el caso de los hombres este mismo no los ha tratado bien.
Las normas machistas seguidas por muchos impiden abrir un espacio al dialogo, de hecho, encierra a las personas. Como sociedad es necesaria la responsabilización, se requiere comenzar a abrir un espacio de dialogo, al igual que remodelar la manera en la cual se contemplan temas sobre lo que implica la masculinidad, la salud mental y el suicidio.
 “No se trata de ser débil, se trata de ser humano, de tener la capacidad de sentir y expresar lo que sentimos”, finaliza Patricia.


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