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martes, 12 de noviembre de 2019

Dar vida con el corazón


Sergio Andrés Peraza, un hombre que ha entregado su vida al arte plástico.
Ximena Paulin Reyes
Entre las cuatro paredes de su estudio, en San Miguel de Allende, rodeado de prototipos y figuras ya terminadas, las cuales reflejan no sólo su trabajo como artista, pero también su pasión, aquello con lo que nació para hacer, Sergio se encuentra en camino hacia una de las múltiples sillas del lugar con una taza de café en la mano; su tez morena y el candado negro que porta en el rostro son iluminados ligeramente por el sol que se filtra en el lugar, a  pesar de ser de baja estatura es un hombre que camina con bastante seguridad y siempre recto por donde sea que va, dándole la impresión errónea a la gente, a su alrededor, que es mucho más alto; se sienta finalmente y se prepara hablar un poco de su vida:
El arte lo lleva en las venas, su padre lo dotó de regalos importantes, sí, para su vida laboral, pero también desde que él tiene uso de memoria recuerda, de niño, estar debajo de una imponente estatua, en el estudio de su papá, de un torero, debajo de él Sergio se dedicaba a edificar sus primeros intentos en la escultura en plastilina. Pero ahora ya no se trata de un juego de niños, ese mismo material lo ha seguido durante toda su carrera, lo ha visto crecer y lo ha tratado bien, pues desde hace ya 25 años sigue siendo su base, donde comienza a forjar el semblante de su siguiente figura. Para él los elementos como la plastilina y el bronce, se tratan del medio nada más, el conducto que le facilita traer a la vida lo que tiene en el corazón, es en este donde realmente salen todas sus ideas, es un impulso que lo lleva a querer encerrar una parte del alma de la persona en un busto.
Sergio es consciente que las personas pasan y pasan, se siguen de largo en las diferentes colonias distribuidas por todo el país, sin primero reconocer las estatuas, de figuras que han dejado su huella en la cultura de la nación, que se encuentran postradas en sus alrededores; pero espera que, si en alguna ocasión alguien encuentra alguno de sus bustos en la calle, este mismo le transmita al espectador una sensación de reconocimiento pero no sólo del rostro físico que en ese momento se encuentra postrado enfrente, sino que la persona pueda ser capaz de delimitar que esa cara realmente  tiene vida.
Sus ojos marrones se iluminan al hablar sobre la influencia que han tenido las artes a lo largo de toda su vida, pues no solamente trata de lo que hace para ganarse la vida, el arte implica para él, un estilo de vida, todos sus pasatiempos están centrados en prácticas de esta índole: desde la tranquilidad y paz que le brinda escuchar música clásica, ya sea cuando va a bellas artes a escuchar a la sinfónica tocar o cuando se sumerge en la tarea de reconfigurar a una persona en bronce “Mientras estoy en el proceso creativo, en solitario, sin prisas. Escuchando buena música y modelando, es como en verdad me gusta estar ”, menciona Sergio; hasta el gozo que obtiene al hablar sobre un libro que acaba de terminar de leer con sus amigos que se desenvuelven en el mundo del arte también. De eso si lo tienen que disculpar, pues comprar libros es una adicción que nunca va a poder moderar, los lea o no, cuando va a una librería- lo cual resulta una actividad frecuente-sólo piensa en todas las nuevas aventuras en las que se puede embarcar, compra impulsivamente pues sabe que siempre va a haber algo nuevo por conocer.
Este ámbito de la lectura fue inculcado por sus padres, su madre (Angelina Ávila) en particular, siempre le daba material nuevo, pero a diferencia de muchos niños con la misma experiencia en la cual sus padres los forzaran a leer y en la actualidad aborrecen la idea de leer solamente un capítulo, Peraza nunca lo vio como una obligación, desde que empezó a leer a temprana edad encontró en los libros un refugio, tanto así creció su pasión que sus compañeros resultaban ser afortunados si les tocaba trabajar con Sergio, pues él siempre parecía saber dónde encontrar todos los libros que necesitaban para hacer los trabajos o estar un paso más adelante que los maestros en los diferentes tópicos impartidos. Comenzó leyendo biografías, le apasionaba mucho saber sobre la vida de alguien más y lo que habían hecho de provecho con la misma, nunca se centro en personajes de una rama específica, sus gustos en figuras emblemáticas variaban desde Albert Einstein hasta Emiliano Zapata.
Producir arte, llevar a la gente a un espacio sensible en su interior, donde puedan conectar con ellos mismo, donde encuentren una parte que tal vez no conocían o no sabían que tenían en su interior es uno de los aparatos conductores que lo llevan a realizar tantas magnificas obras. Sus bustos, tal vez sus trabajos más conocidos en talla mundial y nacional, siempre se tratan de una labor seria, no le gusta para nada las asunciones que se hacen sobre el artista y la vida bohemia pues además de que ese no es su caso, siempre ha considerado que la producción artística debe ser tomada con la formalidad que se merece, este trabajo para él requiere de precisión de preparación. Antes de comenzar a moldear el rostro de, la compositora y pianista, Consuelo Velázquez (2003) se
dio a la tarea de indagar todo sobre ella antes de tenerla cara a cara en su estudio, pero esto no se trató de una ocasión única, este ritual lo hace por cada ocasión en la que le toca plasmar un rostro más, inclusive si no tiene la posibilidad de conocer a la persona como es el caso de García Lorca (2006), Sergio siempre le ha dado importancia a conocer  sobre la persona antes de comenzar a reproducirla, pues este acto hace que sus movimientos en el material logren capturar partes de personalidad del individuo que uno al ver una fotografía o inclusive al admirar al ser en persona no sería capaz de percibir.
La escultura es su expresión artística de preferencia, es donde siente que puede desenvolver sus ideas mejor, pero el dibujo siempre va a tener un lugar especial en su corazón. Desde que era pequeño su padre solía llevarlo a todos lados, Humberto Peraza se desenvolvía bastante bien en la esfera pública inclusive, a los ojos de Sergio, parecía que todo mundo quería ser moldeado en bronce por el famoso escultor de los setentas, desde artistas mexicanos de talla internacional como María Félix hasta figuras políticas como el Negro Durazo.
Sergio se desenvolvía en ese ambiente, lleno de personas que le doblaban la edad, las cuales discutían sobre temas como  la poesía, la música o el folclore mexicano, para un niño esto parecería aburrido pero no para Sergio, quien iba de traje y con el cabello bien recogido a todos los lados donde su padre fuera invitado: como a las corridas de toros, donde comenzó su encanto por ese espectáculo tan maravilloso o a las exposiciones de su propio padre y de sus respectivos colegas, donde comenzó a crecer la semilla de lo que verdaderamente le gusta hacer: arte plástico.
Este estilo de vida le gustaba, lo disfrutaba bastante, en serio, pero a veces al hijo único de un reconocido escultor le gusta escapar de las responsabilidades,  la forma en la que lo logró fue dibujando  un personaje propio que reflejaba su alter ego, se trataba de una clase de minotauro que parecía haber sido extraído directamente de una historia de la mitología griega, el particular personaje llevaba el nombre de Picuat y en las historias que Sergio creaba para él, este solía hacer todo lo que el chico de 16 años no podía, era rebelde, un poco desenfrenado y casi siempre lo podías encontrar plasmado en los cuadernos de sus compañeros de la preparatoria.
Sus manos han esculpido tantos rostros, pero estas no están cansadas, al contrario, se encuentran más vivas que nunca pues se han logrado llenar de experiencia durante todos estos años. Pero nada parece haberlo preparado Stella Maris, su bebé, la escultura, que ha sus ojos, representa a lo que fue traído a hacer a este mundo, la cual también es la responsable de acercarlo hacia le religión. Pero si de amores eternos estamos hablando su hija es el suyo, Maya, le ha brindado felicidad desde el día en que nació, y aunque en este momento se encuentren apartados por todo un océano siempre encuentra tiempo en el día para marcarle, para preguntarle cómo está, qué es lo que ha hecho en el día… pues necesita escuchar que su pequeña niña se encuentra bien.

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