Ximena Paulin Reyes
Entre
las cuatro paredes de su estudio, en San Miguel de Allende, rodeado de prototipos
y figuras ya terminadas, las cuales reflejan no sólo su trabajo como artista,
pero también su pasión, aquello con lo que nació para hacer, Sergio se
encuentra en camino hacia una de las múltiples sillas del lugar con una taza de
café en la mano; su tez morena y el candado negro que porta en el rostro son iluminados
ligeramente por el sol que se filtra en el lugar, a pesar de ser de baja estatura es un hombre que
camina con bastante seguridad y siempre recto por donde sea que va, dándole la
impresión errónea a la gente, a su alrededor, que es mucho más alto; se sienta finalmente
y se prepara hablar un poco de su vida:
El
arte lo lleva en las venas, su padre lo dotó de regalos importantes, sí, para
su vida laboral, pero también desde que él tiene uso de memoria recuerda, de
niño, estar debajo de una imponente estatua, en el estudio de su papá, de un
torero, debajo de él Sergio se dedicaba a edificar sus primeros intentos en la
escultura en plastilina. Pero ahora ya no se trata de un juego de niños, ese mismo
material lo ha seguido durante toda su carrera, lo ha visto crecer y lo ha
tratado bien, pues desde hace ya 25 años sigue siendo su base, donde comienza a
forjar el semblante de su siguiente figura. Para él los elementos como la
plastilina y el bronce, se tratan del medio nada más, el conducto que le
facilita traer a la vida lo que tiene en el corazón, es en este donde realmente
salen todas sus ideas, es un impulso que lo lleva a querer encerrar una parte
del alma de la persona en un busto.
Sergio
es consciente que las personas pasan y pasan, se siguen de largo en las
diferentes colonias distribuidas por todo el país, sin primero reconocer las
estatuas, de figuras que han dejado su huella en la cultura de la nación, que
se encuentran postradas en sus alrededores; pero espera que, si en alguna
ocasión alguien encuentra alguno de sus bustos en la calle, este mismo le
transmita al espectador una sensación de reconocimiento pero no sólo del rostro
físico que en ese momento se encuentra postrado enfrente, sino que la persona
pueda ser capaz de delimitar que esa cara realmente tiene vida.
Sus ojos marrones
se iluminan al hablar sobre la influencia que han tenido las artes a lo largo
de toda su vida, pues no solamente trata de lo que hace para ganarse la vida,
el arte implica para él, un estilo de vida, todos sus pasatiempos están
centrados en prácticas de esta índole: desde la tranquilidad y paz que le
brinda escuchar música clásica, ya sea cuando va a bellas artes a escuchar a la
sinfónica tocar o cuando se sumerge en la tarea de reconfigurar a una persona en
bronce “Mientras estoy en el proceso creativo, en solitario, sin prisas.
Escuchando buena música y modelando, es como en verdad me gusta estar ”, menciona
Sergio; hasta el gozo que obtiene al hablar sobre un libro que acaba de
terminar de leer con sus amigos que se desenvuelven en el mundo del arte
también. De eso si lo tienen que disculpar, pues comprar libros es una adicción
que nunca va a poder moderar, los lea o no, cuando va a una librería- lo cual
resulta una actividad frecuente-sólo piensa en todas las nuevas aventuras en
las que se puede embarcar, compra impulsivamente pues sabe que siempre va a
haber algo nuevo por conocer.
Este ámbito de la
lectura fue inculcado por sus padres, su madre (Angelina Ávila) en
particular, siempre le daba material nuevo, pero a diferencia de muchos niños
con la misma experiencia en la cual sus padres los forzaran a leer y en la
actualidad aborrecen la idea de leer solamente un capítulo, Peraza nunca lo vio
como una obligación, desde que empezó a leer a temprana edad encontró en los
libros un refugio, tanto así creció su pasión que sus compañeros resultaban ser
afortunados si les tocaba trabajar con Sergio, pues él siempre parecía saber
dónde encontrar todos los libros que necesitaban para hacer los trabajos o
estar un paso más adelante que los maestros en los diferentes tópicos
impartidos. Comenzó leyendo biografías, le apasionaba mucho saber sobre la vida
de alguien más y lo que habían hecho de provecho con la misma, nunca se centro
en personajes de una rama específica, sus gustos en figuras emblemáticas
variaban desde Albert Einstein hasta Emiliano Zapata.
Producir
arte, llevar a la gente a un espacio sensible en su interior, donde puedan
conectar con ellos mismo, donde encuentren una parte que tal vez no conocían o
no sabían que tenían en su interior es uno de los aparatos conductores que lo
llevan a realizar tantas magnificas obras. Sus bustos, tal vez sus trabajos más
conocidos en talla mundial y nacional, siempre se tratan de una labor seria, no
le gusta para nada las asunciones que se hacen sobre el artista y la vida
bohemia pues además de que ese no es su caso, siempre ha considerado que la
producción artística debe ser tomada con la formalidad que se merece, este
trabajo para él requiere de precisión de preparación. Antes de comenzar a
moldear el rostro de, la compositora y pianista, Consuelo Velázquez (2003) se
dio a la tarea de indagar todo sobre ella antes de tenerla cara a cara en su estudio, pero esto no se trató de una ocasión única, este ritual lo hace por cada ocasión en la que le toca plasmar un rostro más, inclusive si no tiene la posibilidad de conocer a la persona como es el caso de García Lorca (2006), Sergio siempre le ha dado importancia a conocer sobre la persona antes de comenzar a reproducirla, pues este acto hace que sus movimientos en el material logren capturar partes de personalidad del individuo que uno al ver una fotografía o inclusive al admirar al ser en persona no sería capaz de percibir.
dio a la tarea de indagar todo sobre ella antes de tenerla cara a cara en su estudio, pero esto no se trató de una ocasión única, este ritual lo hace por cada ocasión en la que le toca plasmar un rostro más, inclusive si no tiene la posibilidad de conocer a la persona como es el caso de García Lorca (2006), Sergio siempre le ha dado importancia a conocer sobre la persona antes de comenzar a reproducirla, pues este acto hace que sus movimientos en el material logren capturar partes de personalidad del individuo que uno al ver una fotografía o inclusive al admirar al ser en persona no sería capaz de percibir.
La
escultura es su expresión artística de preferencia, es donde siente que puede desenvolver
sus ideas mejor, pero el dibujo siempre va a tener un lugar especial en su
corazón. Desde que era pequeño su padre solía llevarlo a todos lados, Humberto
Peraza se desenvolvía bastante bien en la esfera pública inclusive, a los ojos
de Sergio, parecía que todo mundo quería ser moldeado en bronce por el famoso
escultor de los setentas, desde artistas mexicanos de talla internacional como
María Félix hasta figuras políticas como el Negro Durazo.
Sergio
se desenvolvía en ese ambiente, lleno de personas que le doblaban la edad, las
cuales discutían sobre temas como la
poesía, la música o el folclore mexicano, para un niño esto parecería aburrido
pero no para Sergio, quien iba de traje y con el cabello bien recogido a todos
los lados donde su padre fuera invitado: como a las corridas de toros, donde
comenzó su encanto por ese espectáculo tan maravilloso o a las exposiciones de
su propio padre y de sus respectivos colegas, donde comenzó a crecer la semilla
de lo que verdaderamente le gusta hacer: arte plástico.
Este
estilo de vida le gustaba, lo disfrutaba bastante, en serio, pero a veces al hijo
único de un reconocido escultor le gusta escapar de las responsabilidades, la forma en la que lo logró fue dibujando un personaje propio que reflejaba su alter
ego, se trataba de una clase de minotauro que parecía haber sido extraído
directamente de una historia de la mitología griega, el particular personaje
llevaba el nombre de Picuat y en las historias que Sergio creaba para él, este
solía hacer todo lo que el chico de 16 años no podía, era rebelde, un poco
desenfrenado y casi siempre lo podías encontrar plasmado en los cuadernos de
sus compañeros de la preparatoria.
Sus
manos han esculpido tantos rostros, pero estas no están cansadas, al contrario,
se encuentran más vivas que nunca pues se han logrado llenar de experiencia
durante todos estos años. Pero nada parece haberlo preparado Stella Maris, su
bebé, la escultura, que ha sus ojos, representa a lo que fue traído a hacer a
este mundo, la cual también es la responsable de acercarlo hacia le religión. Pero
si de amores eternos estamos hablando su hija es el suyo, Maya, le ha brindado
felicidad desde el día en que nació, y aunque en este momento se encuentren apartados
por todo un océano siempre
encuentra tiempo en el día para marcarle, para preguntarle cómo está, qué es lo
que ha hecho en el día… pues necesita escuchar que su pequeña niña se encuentra
bien.

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